Alguna cosa hay detrás del hecho de apasionarse por los trenes solo con oírlos. Cómo será de poderoso ese eco, que perduró incluso durante los más tristes años del declive ferroviario en Colombia, cuando el famoso Ferrocarril de Antioquia era ya un eco, una añoranza. Entonces no existía casi nada de lo que hoy permite conservar y compartir ya no solo las huellas ferroviarias de antaño, sino las evidencias de que los trenes tienen un lugar en las vidas de la gente alrededor del mundo.

La cantidad de ámbitos de la cultura universal a donde llega la figura de los trenes es apenas una de las pruebas de que sí se forja una pasión por ellos solo con seguir sus huellas, que son tan numerosas y tan distintas como compartidas. Lo digo porque he escuchado abuelos que fascinan a sus nietos con sus recuerdos sobre rieles, jóvenes a los que el rastro de un ferrocarril los conecta con sus mayores, he visto ingenieros igualados con escolares por la impresión de ver una locomotora en marcha, mujeres y niñas fascinadas con un ferrocarril en miniatura, familias enteras gozando a bordo de un vagón. Todas son demostraciones de que el viaje de los trenes es universal.

En lugares como Antioquia, donde he vivido casi toda la vida, los trenes dejaron de circular por las vías del antiguo ferrocarril, pero siguieron su marcha en la memoria de la gente, en las cosas que saben y recuerdan gracias a estos vehículos maravillosos. Todo compone una historia tan rica y tan genuina que merece contarse y cuidarse como un tesoro colectivo. Digo por eso que algo hay detrás del hecho de apasionarse por los trenes con apenas una señal, como me pasó a mí.

Que pase el tren: un viaje cargado de motivos

Mi nombre es Joaquín Gómez Meneses y me complace invitarlos a bordo. Mi pasión por los trenes nació tan pronto escuché acercarse al primero que vi pasar frente a la casa de mi abuela materna. El eco y la imagen de esa máquina asombrosa y gigantesca se arraigaron en mi mente infantil, resistieron los años en que se volvieron una añoranza y me dieron el impulso para revivirlos mediante el poder de las historias.

Soy profesor universitario y periodista. Por eso creo en el poder de la radio para convocarnos y lograr que desde muchos lugares lleguen los trenes llenos de imágenes, de huellas, de sonidos, de historias. Soy el único miembro del equipo a cargo de las emisiones radiales que abanderan este proyecto; pero no estoy solo: me mueve la figura de mi abuelo materno, Francisco Meneses Rivera, que fue trabajador de los talleres ferroviarios de Bello, además de un líder sindical y cívico que por sus acciones solidarias se hizo conocer como ejemplo de entrega por el bienestar de sus compañeros y vecinos.

La historia de “Meneses”, como lo llamaban, me ayuda a ver que este no es un viaje en soledad porque, además de regalarme una nueva conexión con mi familia y amigos, ha deparado la acogida de personas y organizaciones con quienes hacemos causa común; amigos en la vía que es necesario reconocer.

Está, desde luego, la conexión con los oyentes cuya compañía reafirma este empeño. En efecto, algo hay detrás del hecho de apasionarse por los trenes solo con escucharlos, por ejemplo, pero es difícil señalar qué con precisión porque este es un viaje cargado de motivos; tantos, que por eso la invitación es a que hagamos juntos Que pase el tren.